La vida del mercader

La alegría de vivir
no acecha las disputas
donde no se puede ser feliz
hay que coger otras rutas.
Y así hizo el pobre mercader
quien cogió como destino
el mar mediterráneo
y murió sin conseguir el vino,
para el César que irradiaba
una ira tan desencadenada
que ni los dioses del olimpo
se imaginaban.
Pasó tierras y mares
por tormentas continuas
y no encontró ni agua ni pan
con que saciar su lengua.
Sacaba de su bolsillo
las migajas que quedaban
para guardarlas en el ombligo
en el que solo confiaba.
De noche las estrellas le decían
como le iria al dia siguiente
y cerrando los ojos imaginaba
toda la comida en su mente.
Allí murió contento
delante de un festín
no apto para sedientos
encima de su botín.
Más feliz que nunca
no siendo parlanchín
abandonó a quien desnuca
encontrando,ya,su fin.

Poema escrito por Violeta

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