CAMINAR ES LLEGAR

No se trata de sutileza escolásticas o filosofías abstractas;
al contrario, esta es la amanera más práctica de conseguir
la mayor paz y satisfacción posible y a ahora, en medio de
todos nuestras trabajos y todas nuestras dudas.

De este modo aprendemos a encontrar ya un buen grado de
satisfacción en lo estamos haciendo. Caemos en la cuenta de
que merece la pena, de que cada momento de nuestra vida
es válido en sí mismo, inscrito ya en los anales de la eternidad
por mérito propio, sígale lo que siga, el próximo día o en todo
el resto de nuestras vidas.

No pensar en el ámbito total, que hoy por hoy no está en
nuestras manos, sino en el momento presente que podemos
disfrutar en goce inmediato, precisamente por ser tan breve
que nos cabe en la mano y lo podemos abarcar con la mirada.

“Aprendiendo a vivir instantes, descubriremos algún día que hemos
realizado, casi sin sentirlo, la tarea ingente de vivir una vida.”

Ganaremos al fragmentar la responsabilidad de toda una existencia
y haremos así más fácil la empresa de vivir; no es que no haya una
meta final, sino que la estoy viviendo en las metas parciales de cada día,
en la accesibilidad de su pequeñez, es reflejo y destello de la meta final,
perfecta cada una en sí misma, como cada comida, es deleitable sin hacer
referencia a la próxima y todo sorbo de placer sin esperar al siguiente.

Tenemos que redimir la validez de cada instante si queremos descubrir
la validez de todo; es un diamante, ¡si! cada faceta es bella y cada color diferente,
y al apreciar una a una la individualidad de cada rasgo llegamos a valorar la
belleza del todo.

Poema escrito por carlos Enrique

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